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Pero, ¿quién era Thomas Cook?

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    La noticia de la quiebra de Thomas Cook ha hecho correr ríos de tinta y ha puesto en un auténtico brete al turismo nacional, especialmente en el caso de las Islas Canarias y de Baleares. La multinacional británica tenía un peso fundamental en el funcionamiento del sector y ahora a los responsables insulares les toca hacer, en coordinación con el gobierno del país, un auténtico Tetris, moviendo las piezas con rapidez, para que el turismo canario no resulte tocado, ni herido por el batacazo del gigante inglés.

     

    Sin embargo, hay una pregunta que no me sacaba de la cabeza (soy mucho de darme la lata sola cuando no encuentro respuestas). Pero, ¿quién era el tal Thomas Cook? ¿Cómo se le ocurrió todo lo que puso en marcha y cómo logró convertirse en una de las empresas turísticas más fuertes del mundo?

     

    Pues hay que remontarse al año 1841. Thomas Cook fue un empresario británico conocido por ser la primera persona del mundo en poner en marcha un viaje organizado. En realidad, lo que hizo fue fletar un tren con destino a un congreso antialcohol en una localidad próxima. Thomas no sacó dinero de esa iniciativa, en ese momento no era su intención, pero sí sacó una idea. Una posibilidad inédita, rupturista y alocada que se acabó convirtiendo en la primera agencia de viajes del mundo. Fue el primer productor de oferta turística.

      

    No sólo eso, además fue el creador del sistema de pagos basado en cupones, previamente concertando el trámite con algunos hoteles y usándolos como medio de pago.

     

    Luego, claro está, hubo muchos detrás de él. Muchos que copiaron su idea y la llevaron a la práctica con más o menos acierto. Pero él, él fue un auténtico genio del turismo, un visionario que dejó tras de sí un legado que, sus predecesores, no supieron mantener.

     

    No quiero hablar aquí de lo que pudo ser el nacimiento de un empobrecido turismo de masas con todo lo que eso supone para aquellos destinos que usaron mal sus cartas, sino de lo importante que es creer en aquellas personas que tienen ideas y darles alas para que las pongan en marcha. Ellos son los que logran revolucionar el mundo, cambiarlo, transformarlo… otra cosa es lo que los demás, los no tan genios, hagan, o hagamos, con esas ideas revolucionarias.

      

    Ahora se acerca una época, o eso parece intuirse, en la que esas personas volverán a ser más importantes que nunca, ojalá alguien crea en ellos y sus ideas no queden arrinconadas en cualquier cajón de una gris oficina. De las ideas de esos genios, nos beneficiamos todos, aunque no nos guste reconocerlo.